Aprendiendo

Cada día…

Tiempos nublados

Estás en las nubes!”, me gritaban los pacientes profesores del colegio. Efectivamente, muchas veces lo estaba. Más o menos como ahora, pero en otro sentido totalmente distinto. Y, en realidad, todos los que usamos la tecnología diariamente utilizamos esto del cloud computing, la computación en la nube, casi sin percatarnos, como si fuera algo que hemos hecho desde nuestra tierna infancia. Y no es así.

Hace bien poquito del boom de este tipo de tecnología que llegó para quedarse, para hacernos la vida más fácil o, como dice John McGeachie (Evernote), incluso para hacernos más listos. Ojalá sea cierto.

Pero, como toda tecnología, para sacarle provecho y exprimirla al máximo, ha de conocerse. No todo acaba en el “paquete Google” (Gmail, Google Docs, Google Calendar, etc.). Hay más, mucho más. Tanto, que puede llegar a abrumarnos ya que las alternativas son numerosas pero, además, con opciones que las dotan de una versatilidad tal que una sola aplicación puede colmar gran parte de nuestras necesidades para nuestros quehaceres diarios. Pensemos, por ejemplo, en Dropbox, una aplicación para almacenar y compartir archivos que apareció en la Red sin hacer mucho ruido pero que, con el paso del tiempo, ha ido creciendo hasta tal punto que la anterior defi nición se le queda bien corta. Como diría Mourinho, ¿por qué? La respuesta que encuentro es sencilla y, quizás, fruto de una mente ya demasiado mercantilizada: ésta y otras aplicaciones han nacido y aumentado sus cualidades porque han cubierto una necesidad de los internautas… y si no existía esa necesidad, se creó.

¿Cómo puede hacerse esto? Pues, como todo: nadie necesitaba el teléfono móvil hace unas décadas y ahora es imposible vivir sin él. Nadie necesitaba Internet y actualmente el mundo no se concibe sin la red de redes. Nadie necesita la computación en la nube…

Por otro lado, soy del parecer que la traslación de la computación, desde el tradicional entorno de escritorio hacia la nube está siendo y será sencilla ya que, en este caso, se han reducido considerablemente las dificultades prácticas en forma de grandes gastos económicos para software o hardware (tengamos en cuenta que no es necesario un ordenador muy potente para trabajar en la nube) o por impedimentos de movilidad. Y este último factor es, probablemente, uno de los puntos fuertes de esta nueva tecnología: la ubicuidad. Tan sólo necesitamos un dispositivo con acceso a la Red para poder acceder a capacidades de computación enormes y a todos nuestros archivos. En fin, el tiempo dará o quitará razones, pero parece que todo en Internet vuelve a acelerarse y facilitarse gracias al cloud computing.


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