“Gracias Finlandia” de Javier Melgarejo, un buen ejemplo a seguir

El fracaso escolar es uno de los mayores problemas del estado español. Según narra Javier Melgarejo en su libro Gracias Finlandia, actualmente más del 30% de los alumnos españoles abandonan sus estudios. El último informe PISA publicado en 2015, determina que, en España, más de 95.000 estudiantes de 15 años tuvieron un rendimiento bajo en matemáticas, de los cuales, 42.000 se vieron también con problemas en las asignaturas de lectura y ciencia.

Según dicho informe PISA, actualmente nos encontramos tan sólo un poco por debajo de la media europea e inmediatamente por encima de Rusia, Luxemburgo, Italia, Portugal, Estados Unidos, Lituania y Suecia, pero jamás nos hemos encontrado por encima de la media de Finlandia, país que, desde que la OCDE comenzara en el año 2000 a elaborar su informe PISA, ha acaparado los primeros puestos del podio en Europa por su excelente nivel educativo.

Así pues, dispuesto a dar con la clave del éxito finlandés, el psicólogo escolar y antiguo director del colegio Claret de Barcelona, Javier Melgarejo, comenzó a estudiar su sistema educativo hace más de una década. Más tarde, en 2013, Melgarejo escribió el libro Gracias Finlandia, el cual tiene como objetivo describir el sistema educativo finlandés en contraposición al español para poder orientarnos sobre nuestra realidad educativa y comprender en qué estamos fallando.

A continuación pasaré a detallar algunas características que aparecen definidas en Gracias Finlandia y las cuales nos ayudarán a comprender e identificar dichas diferencias entre el sistema educativo de varios países:

El engranaje del sistema educativo

  • Subsistema familiar

Los finlandeses dan mucha importancia a los valores familiares y a la responsabilidad sobre la propia vida. Creen que la familia desempeña un papel esencial que afecta al producto final. Por ello, el Estado ofrece una protección especial a la mujer y a la infancia, entre otras muchas ayudas, para garantizar el bienestar físico y mental que podría dificultar su proceso de aprendizaje. Así pues, la sociedad finlandesa concibe que la familia es la primera responsable del bienestar y de la educación de los hijos. Las instituciones pueden ayudar, apoyar y complementar, pero la responsabilidad principal recae en la familia.

A diferencia de Finlandia, España está sufriendo una de las consecuencias negativas de concebir el subsistema familiar fuera del sistema educativo, ya que muchas familias han dejado de responsabilizarse de la función educativa que deben tener. Al desvincularse del hecho educativo, que cada vez más se considera una obligación del Estado o de las instituciones privadas, las unidades familiares van perdiendo conciencia de que otros elementos están educando a sus hijos. Por esa razón es esencial planificar ayudas para que las familias retomen dicho control sobre sus hijos.

  • Subsistema sociocultural

Existe un sistema de ayuda a las familias. Una de las principales características de la sociedad finlandesa es la existencia de un sistema de protección social, centrados sobre todo en la protección de la infancia y en facilitar la igualdad de oportunidades. Lo contrario ocurre en España, donde la inversión pública en políticas familiares es tan sólo del 1,51% del PIB, mientras que en Finlandia es del 3,31%. A esto hay que añadir la complicadísima estructura burocrática del país español que forma una maraña de normas contradictorias, procedimientos interminables y obstáculos insalvables.

Finlandia dispone de una gran red de bibliotecas, fácilmente accesibles, interconectadas y con profesionales muy formados. Cuentan con buenos recursos económicos y humanos que las convierten en elementos esenciales de la política de igualdad de oportunidades para todos, puesto que facilitan el acceso al conocimiento. No se necesitan carnés, autorizaciones o papeleo burocrático. Alrededor del 80% de los finlandeses utilizan regularmente los servicios bibliotecarios. En España, por contra, se requiere de una acreditación para utilizar las bibliotecas públicas.

No existe el doblaje de cine ni televisión. Los programas, series y películas se subtitulan y con ello se consigue una gran mejora de la capacidad y rapidez de lectura, contribuyendo así, al rápido aprendizaje de idiomas. En España, en cambio, la televisión no retransmite películas ni programas en lengua original subtitulada, de este modo, los niños no tienen que hacer ningún esfuerzo para leer en su propio idioma y se dificulta el aprendizaje de lenguas extranjeras. Además, en España la escuela tiene la obligación de enseñar una segunda o tercera lengua, pero el contexto sociocultural actúa en contra ya que los alumnos no están inmersos en esa nueva lengua.

  • Subsistema escolar: la escuela y el aula

La escuela finlandesa tiene seis cursos de primaria, tres de secundaria obligatoria y posteriormente se puede escoger entre un bachillerato de dos años o una formación de grado medio de dos años. Al acabar bachillerato los alumnos no se ven sometidos a la selectividad, pero si a una reválida. Además ésta, las universidades pueden realizar pruebas de acceso específicas.

A los 4 y 5 años de edad, menos de la mitad de los niños finlandeses acuden a guarderías y no empiezan el colegio hasta los 7 años, edad en la cual aprenden lectoescriptura. Tan sólo dos años después, sus puntuaciones son mejores que las del resto de los países estudiados por la OCDE. En Finlandia la educación infantil no es obligatoria y no depende del Ministerio de Educación sino del Contrariamente, la educación infantil en España se ha convertido prácticamente en obligatoria, ya que se ha normalizado el hecho de llevar a los pequeños a la escuela desde aproximadamente los 3 años.

El 84% de los alumnos considerados con NEE (Necesidades Educativas Especiales) están escolarizados en clases normales con clases de recuperación. Así pues, alumnos con discapacidad o NEE son tratados con total normalidad tanto por profesores como alumnos. Hecho que permite una total integración de dichos infantes en el aula. Por ello se puede decir que la educación finlandesa se compone por escuelas con un modelo comprensivo e integrador.

En el aula debe fomentarse un clima de libertad y tolerancia. En muchas clases se utiliza el arte, la música y la belleza como un elemento esencial en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Así pues, el aula se concibe como un laboratorio de aprendizaje, donde alumnos y profesores aprenden unos de otros creando un clima de participación y confianza. Al contrario, la escuela española ha sido diseñada para generar alumnos poco creativos, reflexivos y responsables. Las materias artísticas carecen de importancia y tiempo de dedicación.

Los alumnos finlandeses tienen en primaria menos ratio que los españoles y, por lo tanto, mayor acceso directo a los profesores.

Existe una comparación de recursos pedagógicos muy parecida entre Finlandia y España, e igual organización pedagógica, aunque sus resultados son diferentes. En Finlandia se trabaja por competencias y lo importante es la calidad y no la cantidad de conocimientos. El currículo está muy descentralizado, los profesores prefieren estructurarlo ellos mismos. Por contra, en España el currículo viene estrictamente estipulado. Así pues, se transmiten los conocimientos que el estado central diseña. A esto también hay que añadirle la renovación de la ley orgánica cada cinco o seis años, hecho que imposibilita poder consolidar un modelo educativo concreto.

En Finlandia el material escolar es gratuito, como en todos los países nórdicos. A diferencia, en España el material escolar no es gratuito. Este hecho, acompañado del alto grado de familias con pocos recursos económicos, genera un grave problema de desigualdad que obliga a los padres a disminuir sus tareas educativas al no poder pagarlas. Esta situación atenta contra la igualdad de oportunidades.

Hay poca evaluación en las clases, una cierta relajación que seguramente estimula la motivación de los estudiantes. Los deberes ocupan tan sólo de 15 a 20 minutos de tiempo de los alumnos.

Por último, para conseguir todo esto, el profesorado debe estar muy bien formado inicialmente. Esto es lo que realmente diferencia a Finlandia del resto de países de la OCDE, especialmente de los nórdicos: su extraordinario proceso de selección y formación de los docentes de educación primaria y secundaria.

¿Qué debemos aprender?

En primer lugar, debemos aprender a valorar el papel que ocupa el maestro. En Finlandia los maestros tienen un gran prestigio social y cuentan con el respeto de toda la población, mientras que en España es una de las profesiones más criticadas y menos valoradas por la población. Valoremos el papel de los educadores y el esfuerzo que hacen y creamos firmemente que la enseñanza es la base de la sociedad y de un futuro mejor.

También debemos realizar una inversión no sólo económica, sino en tiempo, en ilusión, en valores, en la transmisión de afecto incondicional hacia los niños y niñas con normas y límites bien identificados. Debemos también disminuir los deberes y las tareas evaluativas de los alumnos, dándoles tiempo a disfrutar, a descubrir, a aprender en sociedad, a ser niños y a descubrir por su cuenta.

No debemos dejar de lado los valores centrándonos tan sólo en transmitir conocimientos, pues sin los primeros, los conocimientos pierden sentido.

La infancia tiene sus propias maneras de ver, pensar y sentir; no hay nada más insensato que pretender sustituirlas por las nuestras. Jean-Jacques Rousseau

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