Jordi Martí: “Las TIC son sólo una herramienta más, no el fin”

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may 7

Jordi Martí es ingeniero agrónomo, profesor y máster de Educación y Nuevas Tecnologías por la UOC. Autodefinido como “docente de profesión pero no de vocación”, escribe en su blog xarxatic.com sobre diferentes aspectos de actualidad relacionados con el mundo educativo.

Usted ha manifestado que le gusta la docencia pero le incomoda lo asociado. ¿Qué quiere decir exactamente? ¿Nos podría ampliar el sentido de esa frase?

El sentido de la frase hace referencia a cuestiones de “burocracia educativa”. Una burocracia que, cada vez es más importante dentro de las funciones que se asignan al docente y que menor repercusión tiene en la mejora de la calidad educativa (que se fragua, a mi entender, en todo lo relacionado con el ejercicio de la docencia -desde la formación del docente hasta llegar a la impartición de la clase-). No es de recibo que, habiendo los problemas que existen actualmente en el ámbito educativo dediquemos una parte tan importante del esfuerzo a la realización de tareas que no implican ningún tipo de mejora educativa real.

Juanmi Muñoz, ex director de la Asociación Espiral, nos comentaba en su entrevista que encontraba poca vocación en el profesorado emergente. Parte del profesorado con una dilatada trayectoria también parece haber perdido ilusión. ¿Está de acuerdo? ¿A qué cree usted que es debido?

Siempre he discrepado con quienes consideran la docencia una vocación. La docencia es una profesión y, por mucha vocación que uno tenga, si el mismo es un mal profesional esa “necesidad de encontrarse frente a los alumnos” no será positiva. En cambio, un buen profesional, con independencia de su vocación (y reconozco que el trabajo es muy gratificante por lo que te acaba, en muchos casos, enganchando) va a ser mucho más interesante para el sistema que alguien cuyo único valor sea el puramente vocacional.

En referencia a la pérdida de ilusión queda muy claro a qué se debe en estos últimos tiempos. Existiendo una campaña de acoso y derribo contra los docentes, junto con una reducción de salarios, aumento de horario lectivo y pesimismo sobre una mejora de la situación a corto o medio plazo hace que sea utópico plantearse que no va a afectar sobre la ilusión de los docentes. Tampoco es menos cierto que, desde hace tiempo, se ha notado en el ambiente un cierto aire de pesimismo. Un pesimismo encorsetado en la propia función docente. Un pesimismo del que cuesta salir. Un siempre querer mirar hacia atrás y ver sesgadamente lo que sucedía antaño. Un tiempo que, a nivel educativo, para muchos siempre fue mejor (algo recurrente y que, pasen los años que pasen, siempre se da).

En los últimos años, la enseñanza-aprendizaje ha evolucionado muy rápidamente, en paralelo a la consolidación de las TIC tanto en la sociedad, en general, como en el ámbito educativo, en particular. En su artículo “La cultura educativa de la obsolescencia” se muestra usted muy crítico con los cambios continuos que impiden gestar una estrategia de futuro. ¿Cómo podríamos compatibilizar la natural evolución sin caer en esa cultura de la obsolescencia educativa? ¿Dónde está el término medio?

La tecnología va muy rápida. Mucho más que la capacidad real de su introducción en el aula. Conviene, muchas veces, previa a la incorporación de la misma meditar sobre la necesidad real de la misma, la mejora que se podrá experimentar en el aprendizaje con dicha introducción y, plantearse, si conviene “estar a la última”. Plantear estrategias a corto plazo en el ámbito educativo, como las que se están planteando mediante la introducción de diferentes herramientas, es algo cuestionable. No hay que perder de vista que las TIC son sólo una herramienta más, no el fin. Si a ello se añaden los continuos cambios de estrategias educativas, mediante la aparición de nuevos currículums e itinerarios cada cierto tiempo, hace que cualquier mejora educativa deba estar supeditada al azar. Un azar demasiado errático para ser considerado como algo necesario.

Cualquiera que siga habitualmente xarxatic.com imaginará que usted “no compra” cualquier nueva herramienta TIC ni le seduce cualquier innovación pedagógica. ¿Qué herramientas TIC o prácticas docentes relacionadas con éstas sí le han interesado lo suficientemente para llevarlas a su clase?

No es del todo cierto. A nivel personal compro muchas herramientas. Me encanta probar nuevas herramientas y leer sobre nuevas estrategias (o innovaciones) pedagógicas. Eso sí, del uso personal al profesional va un trecho importante. Un trecho que tiene mucho que ver con los receptores de los “experimentos”. Unos experimentos que siempre me han dicho que deben realizarse, como mucho, con gaseosa.

Meter a los alumnos en un berenjenal de dudoso resultado es algo que intento evitar. Es por ello que siempre planteo que la introducción de novedades sea paulatina y coherente con lo que se pretende. Este curso he introducido un blog para el desarrollo del temario (mediante la readaptación excelentes materiales que muchos de mis compañeros han colgado en la red bajo licencias libres) y una plataforma como Edmodo para la gestión de aula. Además, al impartir alguna materia relacionada con la informática, me he permitido la licencia de ir trabajando con los chavales con aquellas herramientas que, después de haberlas probado, me planteo que puedan ser útiles para ellos (no sólo en mi asignatura). Una mezcla entre lo nuevo y lo que sé de buena tinta que funciona. Algo que no creo que haya ido del todo mal (aunque hay cosas a pulir y errores que no cometeré en los siguientes cursos).

En otro orden, y ya para finalizar, si se pusiera en la piel de un ministro de educación en España, ¿qué haría? ¿qué empezaría por cambiar del sistema educativo español?

Tengo muy claro lo que haría. Hablar con los docentes que se encuentran en las aulas, aunque también con las asociaciones de padres y madres de alumnos sin perder de vista al alumno. Un alumno que, a partir de ciertas edades, puede hacer aportaciones de gran interés . Cualquier cambio se ha de consultar con quien sabe realmente como está el tema. Plantear un cambio de sistema sin hablar con los profesionales que se hallan en el mismo es algo que lleva al fracaso.

No creo que el sistema funcione y, es por ello que veo necesario un cambio. El problema es hacia dónde, cómo y con qué recursos. Plantear una reforma sin contar con lo positivo que hay (que lo hay), lo mejorable y lo de imprescindible cambio es un auténtico despropósito.



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